New York/Oscar Quezada/Elcaribe.-En las calles del Alto Manhattan y Washington Heights, el sazón
dominicano se huele a leguas. De no ser por los letreros escritos en
inglés, cualquiera pensaría que se trata de una arteria comercial de
República Dominicana. Pero no. Es en Nueva York, donde vive una gran
cantidad de dominicanos que intenta sobrevivir dignamente, pese a los
embates sufridos por la principal economía del mundo.
Una mujer
sonriente y con una chapa de limón en sus manos invita a una vitrina que
exhibe unos chicharrones capaces de seducir el gusto más refinado.
Más
adelante, el maíz asado emerge humeante ante la vista de unos turistas
curiosos, que se detienen a comprar con un fajo de billetes verdes.
Bien
cerca, el guarapo de piña o el “frío-frío” se presentan como la mejor
opción para digerir unos tostones con cerdo frito pregonados a todo
pulmón.
“Tú encuentras de todo lo que quieras, como en nuestro
país”, comenta un vendutero de piña, mango y guineo. En la misma hilera
de negocios, una mujer fríe empanadas en una paila rodeada de gente.
Ella se llama Josefa y tiene 25 años en Nueva York. “Esto lo compra todo
el mundo”, comienza a contar, pero el olor de unas longanizas
enrolladas como culebra cansada interrumpe su relato.
“Soy del
Cibao”, expresa el dueño de la fritura que tiene a varios clientes
desesperados. Estos negocios abundan entre las calles 181 y San Nicolas,
del Alto Manhattan. El pasado fin de semana, las ventas incrementaron
porque había una feria donde los productos criollos lucían galantes, en
una urbe de razas, costumbres y tradiciones entremezcladas.
martes, 12 de junio de 2012
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