
Su abogado dijo que la mujer cometió el crimen para detener una larga cadena de abusos sexuales por parte de su padre. Las correspondencias pidiendo clemencia no conmovieron a la justicia ni persuadieron al juez.
Se le acusó de homicidio involuntario en y posesión de un arma criminal. La joven, le cortó el pene a su progenitor luego de asfixiarlo con una toalla mientras éste dormía y alegó que fue en venganza porque ella y una hermana eran sistemáticamente abusadas por él.
El abogado se quejó de que, lamentablemente, el juez no pensó bien antes de sentenciar a su defendida, pero no adelantó de inmediato si apelará la decisión. La víctima, Eric Goodridge, inmigrante de Liberia, según relató la joven en el juicio, dijo que se llevaría a sus sobrinas al Africa. “Yo, sabía lo que él quería hacerles y decidí quitarle su arma, le corté el pene y lo quemé en la cocina”.
Declaró que no tenía intención de matarlo cuando le tapó la boca con la toalla. La mujer fue apoyada durante el proceso por docenas de activistas que defienden a las víctimas de abusos sexuales. Martha Adames, de la organización Pasos Contra la Violencia Familiar, dijo que la abusada, estaba desesperada, no tenía otra alternativa, no sabía qué hacer y su propio padre la llevó a matarlo.
Pero familiares de la sentenciada, como su tía Alberta Clinton, dijeron que no creen que el hombre violaba a la joven. “Si fue así, ella pudo haber dicho algo durante tantos años y nunca lo hizo.
El juez argumentó que aunque la joven, no es un peligro para la sociedad, tomó la justicia en sus propias manos, por lo que merece un castigo severo. La fiscalía se mostró conforme con la pena impuesta a la mujer.



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